martes, 4 de julio de 2017

El Genio de la mansión junto al campo de Golf

Una pareja joven y bien situada, estaba jugando al golf, en un campo muy distinguido y rodeado de bellísimas mansiones. En el tercer golpe del par, el marido le dice a su mujer:
— Querida, ten cuidado al pegarle a la pelota, no sea que la mandes a una de esas preciosas mansiones que rodean el campo y rompas el cristal de alguna de esas caras ventanas.  Si lo haces, va a costarnos una fortuna la reparación.
No alcanza a terminar de decir la frase, cuando ella da un mal golpe, y la pelota va directamente a una de las ventanas de la mejor mansión.


El Genio de la mansión junto al campo de Golf

El marido se vuelve loco y casi con un ataque de histeria, le reprocha a su mujer el golpe efectuado:
— ¡¡Te dije que tuvieses cuidado al golpear la pelota!! ¿Y ahora... Qué hacemos? ¡Ese cristal debe de ser carísimo!
Pasados unos minutos —y ya más tranquilo—, le dice a la preocupada esposa... 
— Vamos a pedir disculpas y a ver cuánto nos va a costar, el arreglo de tu jugadita.
Se dirigen andando hasta la lujosa mansión, llaman al timbre, —que sonaba como si de campanas de iglesia se tratase— y desde adentro, una voz grave responde:
— Adelante. Pueden entrar.
Abren despacio la puerta y ven, que todos los trozos de cristal —por donde entró la pelota— están dispersos por el suelo. Una botella de color verde oscuro, está rota cerca de la mesa central y un hombre de barba cuidada y aspecto burgués, está sentado tranquilamente en un sillón.


El Genio de la mansión junto al campo de Golf

El hombre, echa mano a un vaso de licor, da un trago corto, paladea la bebida y les dice:
— ¿Ustedes son los que han roto el cristal de mi ventana?
— Sí.
Responde el marido con timidez, evidentes signos de preocupación y mucho nerviosismo.
— Lo sentimos mucho. Queremos pagarle el daño causado y evitarle más molestias por nuestra parte.
— ¡De ninguna manera señor!
Contesta —levantándose del sillón— el morador de la mansión.
— Soy yo, el que debe estarles agradecido. Soy un Genio, que ha estado preso en esa horrible botella durante cientos, que digo cientos, miles de años. Ustedes me han liberado de esa horrible cárcel y por eso, puedo concederos tres deseos, pero lo haré de la siguiente forma: les concederé uno a cada uno y me guardo el tercero para mí, como pequeño pago por el cristal.


El Genio de la mansión junto al campo de Golf

— ¡Qué bien, no me puedo creer que nos esté pasando esto a nosotros cariño!
Dice el marido.
— ¡Yo quiero un millón de euros al mes, durante el resto de mi vida!
Dijo con clara excitación el marido.
— ¡No hay ningún problema! Es lo menos que puedo hacer por uno de mis salvadores.
Respondió el Genio a continuación.
— ¡Yo quiero poseer una casa como esta, en cada país del mundo!
Agrega ella con mucho entusiasmo.
— Vuestros deseos están realizados.
Responde el Genio.
— ¿Y cuál es tu deseo, Genio. Si es que se puede saber?
Pregunta nervioso e intrigado el marido.
— Bien. Os lo explico.
Responde con serio semblante el Genio.
— Desde que quedé preso en esa botella, —hace miles de años— no he tenido oportunidad de tirarme a ninguna mujer y mucho menos, tan bella y sexy como la tuya amigo. Mi deseo es pues, tirarme a tu mujer.
El marido —asombrado y perplejo— mira a su mujer y le dice:
— Bueno querida, nos ganamos una montaña de dinero y todas esas casas alrededor del mundo. Creo que no está pidiendo mucho a cambio.
El Genio, agarra —con delicadeza— a la bella señora por la cintura, y se lleva a la mujer a un cuarto contiguo.
Una gran cama —cubierta de velos blancos— ocupaba todo el centro de aquella gran habitación.
Allí dentro, —el Genio— pasa alrededor de tres horas con ella, sin parar de hacer el amor en todas las posturas conocidas y por conocer.
Al finalizar, —mientras ambos se ponen la ropa interior—, el Genio la mira fijamente a los ojos, le agarra con ambas manos y mucha delicadeza su cara, le da un prolongado y profundo beso con lengua, y mientras se arrima a ella hasta casi fundirse ambos en un solo cuerpo, le da un último apretón de nalgas con ambas manos, preguntándole a continuación:
— Dime guapísima, tengo una duda: ¿Cuántos años tiene tu marido?
—Treinta y cinco. ¿Por qué?
Responde ella ruborizada.
— ¡¡Joder, no me lo puedo creer!!
Exclama el Genio de la mansión junto al campo de Golf.
 — ¿Y con 35 años, todavía cree en Genios el muy gilipollas?
El Genio de la mansión junto al campo de Golf

2 comentarios:

  1. me encanta lo que escribes y como lo escribes
    Me encantan tus comentarios son tan reales un abrazo desde Recomenzar

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    1. Gracias por dejarme este bonito y afectuoso comentario Mucha. Me alegra mucho que te guste mi forma de expresarme y de escribir. Te mando un fuerte abrazo estimada amiga. Feliz día!!!

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Gracias por dejar tu comentario.
HLR